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martes, 15 de junio de 2010

Elegir entre Poncio o Pilatos


Si me obligaran a tener que elegir vivir en un país de tiranos, o, en cambio, en otro de mentirosos, sin dudarlo un instante elegiría el primero. Aunque resulte sorprendente la elección, tengo justificadas razones.
Contra los tiranos, es posible discrepar, rebelarte, desenmascarar su estrategia –siempre que logres mantener a salvo tu integridad física, se sobreentiende-, porque estos individuos son seres de sangre caliente, impulsivos, y siempre actúan como les dicta el corazón. Funcionan a través de impulsos, con contundencia, se mueven por sentimientos, jamás utilizan la cabeza -si no es para estrellarla sobre la del contrario-, por lo tanto, son transparentes, previsibles, rutinarios, con lo cual, siempre los ves venir, atacan de frente y puedes adivinar, con suma facilidad, cual va a ser su reacción ante determinado acontecimiento. Contra ellos, no es que la lucha sea más fácil, pero sí más intensa, más precisa, más decisiva, y a la que es posible sumar un número más alto de discrepantes.
Contra los mentirosos, los falsos, los sibilinos, la tarea es extremadamente laboriosa y complicada. Su razón de ser es la mentira. Mienten con la misma facilidad que respiran y parpadean. Son imprevisibles, desconcertantes, misteriosos, obscuros, y –lo que les hace más dañinos- mala gente. Nunca acabas de conocerlos, jamás están serios, siempre sonríen, sobre ellos derramó el creador el halo de la beatitud. Siempre están disponibles –menos cuando los necesitas, claro,- nunca -cuando hablan- te miran a los ojos y sus espaldas suelen estar ligeramente encorvadas por el efecto que ejerce sobre ellas, la táctica evasiva del hombre que no da la cara. Lo peor de todo, es que viven felices en su mentira, sin nada que reprocharse, siempre cargados de vanidades imaginativas. Contra ellos, es difícil luchar, pues tienes que enfrentarte –además- contra todo un ejército de seguidores, a los que se ha encargado de aleccionar y surtirlos de razones materiales: ya se sabe, las “ideas”, si se untan con manteca, entran con más facilidad. La gente se te pone de frente, porque no comprenden que te enfrentes contra “un santo”, contra un ser benefactor, tolerante, sacrificado, que solo quiere el bien de su comunidad -aunque el país vaya a la bancarrota-, los problemas que crea con su inoperancia, siempre son otros los culpables del desaguisado.

En España tenemos dos ejemplos bien representativos de los perfiles descritos. Los primeros, el intolerante, el tirano, Rajoy y toda la trouppe del PP. Los segundos, los embaucadores, los figurantes, los mentirosos, Zapatero y sus miles de satélites.
Cada cuatro años –en el mejor de los casos; por economía y por salud-, la “democracia” restringida que nos han dado, nos obliga a tener que elegir entre Poncio o Pilatos, entre lo malo y lo peor, sin poder vislumbrar una escapatoria. Aquí se ganan las elecciones, no por la alternativa seductora que ofrece la oposición, sino por el desgaste del que gobierna, con lo cual, a los cuatro años, el español –individuo que no quiere complicaciones, evitar los dolores de cabeza y poder ver tranquilo sus partidos de fútbol- “cumple con su obligación ciudadana”, unos, votando a su partido, como si de un campeonato se tratase, otros castigando al gobierno y olvidándose de que al que vota, ya lo “botó” en las anteriores elecciones, y aquí seguimos democráticamente enredados en esta tela de araña que, si un cataclismo no lo remedia, amenaza con durar bastantes años.

La salida está taponada. Algunos creen verla en Izquierda Unida. Son los forofos incondicionales del otro equipo de fútbol. La gente no es tonta. Prefiere el suicidio colectivo a la aniquilación por capítulos. ¿Qué se puede esperar de una formación que se ha llevado la anterior legislatura, dándose el piquito con el PSOE? ¿Y la relación tan incestuosa que mantienen en aquellos lugares donde gobiernan junto al partido neoliberal que dicen combatir?
Por desgracia, en el escenario político español, no hay alternativa viable. La situación no puede ser más negativa. La izquierda española está huerfana de representación, tanto es así, que un partido esencialmente reaccionario y defensor de los intereses del gran capital, tenga la osadía de autocalifacarse como de "partido de los trabajadores". Quizás, a nivel autonómico, algunas comunidades tengan alguna salida; es el caso de Euskadi y Cataluña, pero en el resto del estado lo tenemos bien negro, de hecho, en los sondeos publicados por Público y ABC hoy, reflejan que estas fuerzas mayoritarias, una se estanca (PP) y la otra retrocede (PSOE) como no lo hacía desde tiempos de Almunia, pero que hay por ahí más de un millón de votos perdidos que piensan ir a la abstención.
En Andalucía, después del frustrante fracaso que fue el Partido Socialista de andalucía (PSA), dirigido por un grupo de señoritos que se pusieron a hacer política, poco o nada queda que merezca la pena. La CUT-BAI, liderada por José Manuel Sánchez Gordillo, está estancada y no despega -tal vez, debido a la colaboraión con IU, que la fagotiza y la implica a aceptar planteamientos políticos que no agradan a sus posibles simpatizantes-, desaprovechándose una posible alternativa de izquierda nacionalista en esta comunidad.

Concluyendo: mejor que votar con desgana o dárselo a un grupo que luego lo utilice para el cambalache político, prefiero abstenerme y mostrar mi desagrado porque hayan tenido la osadía de convertir la democracia española en un circo y un mercado.

3 comentarios:

  1. Esa será la disyuntiva en la proxima campaña politica,por que ni un bando ni el otro nos seducen a los españoles,uno por que no nos cae bien,no le vemos nitidez y el otro por que nos ha engañado con su capita de bueno al decir reiradas veces lo que tú has dicho en tu articulo.
    "El PSOE es el partido de los pobres,el de los trabajadores"yo lo he oido en sus labios en mitines a los que tuve oportunidad de asistir...y todo quedó en agua de borajas,estamos hundido como pais,necesitamos a un partido que nos saqué de la ruina que se está convirtiendo España a pasos agigantados.

    Que hay que cambiar la ley de reforma laboral. ¡¡A que esperan sres,que el barco se nos va a pique,comiencen achicar agua ya!!

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  2. Pero no en el sentido que pretenden los empresarios, Edy, estos sólo quieren echar personal a la calle por unos céntimos de euros.
    Y si hay que ahorra, que empiecen haciéndolo los políticos...más de la mitad sobra. ¿No te parece?
    Que arrime el hombro "to quisqui".
    Un saludo

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  3. Poss si Manuel,que empiecen ellos a dar ejemplo y se aprieten los cinturones que son unos espablao,que eso son los que sobran,"cargos y consejalias".
    Saludos.

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